Roles. Papeles. Cajones en los que voluntariamente nos introducimos para ahorrarle trabajo a los demás y a nosotros mismos. “Eh, que yo soy el gracioso de este grupo, búscate otro cliché o búscate otro grupo, anda, pero deja de hacer chistes”. “Tú, la rubia de risa de chicle, para dulce y tierna ya estoy yo, así que por favor cambia de aires. Y de tinte, qué espanto de Platinum Star…”
Ya sabéis de lo que hablo, ¿verdad? Cuando yo iba al colegio –estoy preparando una de esas entradas para que sepáis cosas sobre mí que os importan poco pero os harán sonreír bastante- y luego al instituto me fijé en que esos roles estaban muy diferenciados. No hacía falta ver series como ‘Sensación de vivir’ –yo era más de ‘Rompecorazones’, una serie sobre un instituto australiano, era gente más rara y tenían menos flequillo- para aprender esos roles, para adoptarlos. Los papeles asignados en cada grupo están diseñados, igual que los tópicos y los prejuicios, para facilitarnos la vida. Lo curioso es que luego esos mismos personajes tópicos se repiten cada vez que volvemos a una situación escolar. Por ejemplo, una visita guiada. ¿No os ha pasado nunca? No digo lo de las visitas guiadas, eso ya supongo que no, que mis lectores son gente más liberal, más independiente, más de audioguía por tres euros… Pero si queréis comprobar que mi teoría es cierta, apuntaos a una de esas visitas guiadas, como he hecho yo recientemente.
¿Desde cuándo aprendemos los roles? ¿Desde la manada a la que nos empeñamos en llamar familia? ¿Desde el rebaño al que llamamos colegio? ¿Hay entre las ovejas unas más guapas y populares y otras más feas y empollonas? ¡Claro que las hay! A las guapas las coges para hacerte jerséis de lana. Con las feas haces queso, de toda la vida.
Vale, hagamos una regresión conjunta. Os tenéis que situar en una excursión del colegio. Sí, ésas en las que a la vuelta todas las niñas de clase se empeñaban en poner una canción estúpida que tú no habías oído en tu vida y que te hacía sentir más excluida, porque es lo que tiene escuchar música a tu aire, que nunca te integras, por más que ahora lo más sea escuchar música que nadie más ha oído y hacerte el indio guay, que para que suene mejor lo llamaremos indie cool. Sin rencor.
¿No ocurría en esas excursiones que siempre se producían los mismos papeles? Podía cambiar la gente, pero no el papel, el papel seguía ahí esperando que alguien lo hiciera suyo… Ahora volvamos a nuestra –fabulosa, espléndida, brillante- edad actual. Situémonos en una visita guiada. Vayamos, por ejemplo, a que nos expliquen el interior de una catedral. Y empecemos a repartir papeles:
- - El que se pega a la guía-profesora y no para de hablar con ella. Si la guía es mujer, el que se pega es un hombre, no necesariamente heterosexual, y si el guía es un hombre, la que se pega es una mujer, no necesariamente lesbiana –si es que existen-, para que no se rompa el universo de los roles. El pegado espera siempre a que la guía salga de la estancia para salir detrás de ella, entra también tras ella el primero y luego se queda agazapado a su lado, como un perrito, dudando entre defenderla si corre peligro o ponerse panza arriba para que le rasquen.
- El de las preguntas estúpidas. Este papel puede ser representado por el mismo actor que el anterior, pero no tiene por qué. Es alguien que durante toda la visita se dedica a hacer preguntas con respuesta obvia o cuya contestación ya estaba en la explicación previa. Me explico: “Como pueden ver, hay unos tirantes de acero que sujetan la estructura, ya que algunos de los arcos ojivales están a punto de derrumbarse. Fíjense en el primer arco a la izquierda y verán que está asimétrico, que se ha inclinado hacia un lado”, cuenta la guía. En ese momento, el preguntonto levanta la mano: “Ah, claro, pero entonces los tirantes de acero se pusieron después de ver que los arcos se movían, ¿no?”. No, ingeniero, los tirantes estaban antes, flotando en el aire, y se construyó la iglesia alrededor, no te jode.
- El vago con chándal. Es igual que el anterior en la indumentaria, pero la barriga -¿creéis que con 12 años no se puede tener barriga? Eso es que no habéis ido a colegio público- les delata. No hacen deporte ni aunque les persigan con bates de béisbol y llevan el chándal con orgullo. Todavía siento escalofríos cuando recuerdo al tío que vi aparecer con un chándal para firmar el contrato de compra de un piso. Eso sí, el chándal era de ‘la Roja’. Vago pero patriótico…
- Los que se cuelan. Pueden ser de otra clase, de otro grupo de la excursión o personas que no hayan pagado la visita guiada y se meten como si nada. Los motivos son variados: si son de otra clase pueden querer ligar con gente de la clase de la excursión, o vacilar, o ser más malotes que nadie colándose. Uuhhh, cuidado que me pongo cachonda. Y luego están esos codazos que se pegan en las costillas entre sí mientras se ríen con la “e”, diciéndose a sí mismos que han logrado colarse sin que nadie se entere… Uuhhhh. Pues siempre se entera todo el mundo, que lo sepáis.
Como también lo sabían las señoras que se colaron en la excursión que os he puesto como ejemplo. Ellas sabían que se colaban, nosotros sabíamos que se colaban, la guía las miraba con esa cara de “oigan, señoras, por favor…” y allí que estaban ellas. Paquita –por ejemplo- era la más atrevida, se metió entre el grupo como quien no quiere la cosa, llamando muy poco disimuladamente a su amiga Pepita –por ejemplo- para que se acercase también a escuchar la explicación. ¿Que por qué sabíamos que se estaba colando descaradamente? Porque antes de la visita, por precaución, nos habían dado un casco blanco a todos los que íbamos en el grupo, mientras que estas señoras, que no habían pagado la visita guiada, llevaban un casco AZUL. Blanco. Azul. Creo que no hace falta explicaros más sobre su falta de discreción, ¿verdad?
- Y por último, en todas las excursiones –iba a escribir discusiones, qué mal me sientan los puentes tan largos- está el observador. O la observadora. La persona que disfruta de la visita mirándolo todo con sus ojos de cervatillo inocente para después disparar con cerbatana entradas como ésta. Adivinad en qué grupo me incluyo… Y como os equivoquéis, os atizo con la cerbatana.


13:55
QuietBrown
8 comentarios:
Siempre he considerado que estaba entre dos tipos de roles. Eso no le mola a la gente, porque no puede definirte del todo, así que te meten dentro del rol de "raro". Y así llevo toda la vida, haciendo cosas "raras" para el resto de la gente :D
A los raros he decidido dejarles al margen de esta entrada, porque bastante tienen -tenéis- con ser así... excluidos, al margen de clasificaciones ;-)
Me ha encantado esta entrada, buenísima de verdad.
Yo estoy contigo en que si nos paramos a pensar, podemos hacer listas de este tipo de casi todo lo que nos rodea, bien sea del trabajo, del colegio, de la universidad, del vecindario, etc
Sí que existen unos roles determinados y sobre todo, existe un mundo ahí fuera que no puede vivir sin ellos, los busca, los necesita y no sabría que hacer si no puede estar definido en uno de esos papeles.
Yo era más de Sensación de vivir...
Bicos
Regalp, ¡hola!
Claro que existen los roles. Me he fijado en la parte más divertida de ellos, como hago casi siempre, pero a veces pueden ser agobiantes, aunque cómodos.
El otro dí volví a ver en un canal de la tdt capítulos de Sensación de vivir... Qué mal envejecen algunas series, ¿eh?
¡Besos!
No sé cuál es mi rol. O sí lo sé. No importa. Sea como sea, ¡yo quiero ser como tú!
Me he reído, y mucho.
Tardo en dar ciertos paseos pero acabo dándolos porque merece la pena.
Besos y etc.
¿Y cuál sería tu rol, entonces? ¡Confiesa! =)
Te advierto que ser como yo cansa una barbaridad, luego no te quejes. Y para los paseos no suelo llevar tacones, pero para casi todos los demás días, sí. Volviendo a una conversación de tu blog, yo no me fío de la gente que no lleva tacones, así que ya sabes, a practicar =)
¡Besos!
Muy divertido. Lo que mencionas es algo que he observado, hay roles establecidos. Hay graciosos en el cole, en el trabajo, en las excursiones,, etc. Sí, el papel es el mismo, los idiotas cambian de apariencia y nombre, pero los papeles son los mismos. Yo supongo que depende del grupo soy distinto. Pero supongo que mi papel más recirrente es el de Ausente y Silencioso.
¡Hola Mobtomas!
Gracias por pasarte y comentar =D
Lo de los roles es divertido cuando aprendes a verlo desde fuera... Menudo estrés me causaba a mí en la adolescencia. El ausente y silencioso nunca puede faltar en los grupos, jejeje. De todas formas, es verdad que nuestro rol cambia según el grupo: si alguien de un entorno te viera con tu familia, por ejemplo, seguramente se sorprendería de que seas más o menos chistoso, más o menos mandón o más o menos dulce. Ahí está la gracia,
¡saludos!
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