miércoles 27 de julio de 2011

LA CULPA DE TODO LA TIENES LISBOA

Me voy de un lado a otro de esta habitación grande a la que llamo casa -¿aún no habéis leído 'El bolígrafo de gel verde'- buscando espejos propios en los que mirarme. Que no estén curvados, por favor, que no me deformen, que me valoren al alza, que no sienta que estoy en situación de rescate. Que no sean los espejos de otros los que me dicen cómo me veo.



La culpa de todo siempre la tienes Lisboa. Sabía que era ella como supe que era esta casa. Sabía cuándo era el momento. Sabía cuando se acababa pero no cuándo se terminaba. Estaba algo borrosa la fecha de caducidad, no encontré manuales sobre la vida de lunes a viernes. Pese las señales de 'Stop' y 'Prohibido el paso', no vi el tren cargado de mercancías pasadas, pesadas, plateadas bajo la Luna pero grises por el día.

Esta entrada es algo triste, me temo. Por muy verano que sea. Por muy verano que me sienta, ya he admitido que la tristeza viene por fascículos, que es mejor tomarla así que bebiéndose el frasco entero de autocompasión y reproches de color verde ácido que siempre tenemos en la mesilla de noche.

A veces me gustaría que mi vida fuera una serie de televisión, que se emite durante veintitantas semanas pero luego se toma un descanso de tres meses y reaparece, con un primer capítulo, con nueva imagen, con la misma sintonía, pero saltándose un tiempo, haciendo magia, recuperando con un flashback de cinco minutos lo más importante de lo que te has perdido. Me gustaría reaparecer a los tres meses aquí, tranquila, con un nuevo pintalabios, con unos zapatos aún mejores y a seguir. Ganada la incertidumbre, ganada la experiencia.

Todo lo que voy a contar a continuación es mentira, pero quiero que sepáis por qué me gustaría. Aunque no sea cierto:

Me gustaría haberme hipotecado las ganas, haber seguido el camino con arcenes abismales, no haber saltado nunca si es que alguna vez tuve rodillas para tomar impulso.
Me gustaría haber seguido las lides de las liebres buenas, las que otros querían, las señales ajenas, lo cómodo por encima de lo inesperado.
Porque en esa vida casi inerte, aburrida, el dolor no se nota. Porque la anestesia gris te deja sin marcas, porque la anestesia duele solamente al primer pinchazo.
Teñidas las promesas, bajadas las persianas para que no entre demasiada luz, la bestia se encuentra más tranquila en la penumbra, donde todo parece verse más claro, porque solo se adivina el contorno pero no se puede ver el grano de la imagen.

Pero se vive más feliz en ese minuto -en este minuto- en que ves salir el sol detrás de las nubes que en toda una semana esperando a que pare la lluvia. Porque sé más feliz, porque soy, empapándote bajo la lluvia que dejándote llevar por la promesa de un sol que nunca llega. Aunque queme. Aunque cale hasta la última fibra. Aunque no esté preparada para salir a bailar con estas botas. Al menos podré caminar con ellas. 

La culpa de todo la tienes Lisboa y yo estoy deseando volver a respirarla. Aunque nunca la entienda.

Nota: Esta entrada la escribí días antes de leer 'El bolígrafo de gel verde'. Es curioso cómo, a veces, tu estado de ánimo te lleva a historias que saben subrayar esa sensación para arroparte.

9 comentarios:

Naïf dijo...

Buff, no sé si me gustas más cuando estás graciosa o cuando amaneces gris. Creo que me gustas, y punto.

Santi Mayoral dijo...

Igual que Mariza, no creo que todo deban ser fados tristes. La saudade es buena para recordar lo bueno pero no por la tristeza en sí. Los puristas dirán que no es lo que hay que hacer, pero nunca me gustó encasillarme en un estilo musical y aprendí muchos gracias a quien me abrió los oídos. Lisboa siempre estará ahí a pesar de los azulejos rotos. Siempre dispuesta a disfrutar de un buen vinho verde y a enseñarnos que, aunque retorcidas y empinadas, sus calles son tan bellas que fue un placer recorrerlas.

QuietBrown dijo...

Naïf, qué bonito, ¡gracias! Sí, yo también estoy aprendiendo a gustarme en gris, aunque enseguida busco otros colores, que si no me ahogo. ¡Gracias por comentar y muchos besos!

QuietBrown dijo...

Mariza tiene un par de fados preciosos y alegres, como el de 'Recusa', que es uno de mis favoritos. Siempre me han importado poco los puristas y lo sabes, somos una mezcla de la gente que nos ha importado y de lo que somos y queremos llegar a ser. Mientras los azulejos rotos no se me claven en la piel, iremos bien. Siempre es un placer caminar por Lisboa, siempre.

Miles de besos

María dijo...

Hace mucho que no me ahogo así... porque he empezado a ahogarme fuera, una sensación cíclica que repito aleatoriamente año tras año y que me impulsa a abrazar la seguridad de mi sofá... para coger fuerzas para volver a salir fuera!!

Me encanta, ya lo sabes,

QuietBrown dijo...

María... yo necesitaba desahogarme ahora, entre el sofá y los amigos los ahogos cada vez son menos... Pero a veces necesarios =)

Un placer, señorita, ya lo sabes,

¡besos!

Melannie dijo...

Hola!!
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Alicia Moreno dijo...

Me gusta :-)

QuietBrown dijo...

Alicia, gracias =)

 
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