martes 25 de octubre de 2011

HONESTIDAD


No sé cómo hacer las cosas. No sé cómo escribir. Ni qué.

Podría empezar a engañaros, a mentiros, a daros giros de guión. Podría empezar a contar una historia que solamente al final, alehop, vuelta, final inesperado, ella es él, ella se despierta, ella es mentirosa, ella mira por la ventana y sonríe y qué bello es vivir y la vida no se resuelve en un relato. Y ella no soy yo. 

Y todas las ellas están flotando en literatura, viscosa y sin olor -inodora-, buscando imágenes como referencia, tratando de dejarme un verso en vuestro parpadeo, pero no sale nada mejor que un verso y un parpadeo. Y cuántos versos y parpadeos habré usado ya. En vano. En malo. ¿Y qué es un verso y un parpadeo? ¿Qué es? Pues son imágenes, sí, pero de mal escritor. No, de mediocre escritor. Cuadernos que vas escribiendo y que garabateas. Noches que crees que serán para siempre porque tus ojos las ven inmensas. Pero no son eternas. No son noche siempre. El día, el sol, el río, llegan siempre a ponerse a tus pies. Y la vida es tuya y tu ni fu ni fa literario, que por muy mal que huela, es tuyo. No eres tú, pero es tuyo.

¿Cómo lo hago? ¿Cómo os pego el puñetazo? ¿Cómo os doy la bofetada que os hará enlazar este texto a otros? ¿Cómo os espabilo lo suficiente como para que me digáis "qué bueno"? ¿Dónde colgaré vuestros laureles? Todo eso solamente lleva al terrible "por qué y para qué y para quién" escribo. Soy práctica. Nunca me pregunto esas cosas. Excepto hoy.

Me gustaría tocaros la fibra sensible diciendo idioteces. Me gustaría decir que me siento como una cachorra de leopardo perdida fuera del zoo. Pero sé que si digo "cachorra" vosotros imaginaréis a una poligonera bailando reaggetón. Sé que la poesía barata no os gusta, aunque os pongáis blandos escuchando a Nena Daconte.

Vamos a contar mentiras, como siempre. Vamos a volver de varias formas diferentes. Vamos a soñar que nos hemos despertado y en este verano, que tras la lluvia ya no quema, no ha pasado nada. Vamos a pensar que estas palabras le importan a alguien pero vamos a escribirlas como si no le interesaran a nadie, con los hombros caídos de asco. Y sobre todo, vamos a dejar de hablar como si fuéramos más de una, QuietBrown, por lo que más quieras.

Esta vuelta, tan cercana a la otra, a la lejana bestia, es inconexa e innecesaria para vosotros. Pero a mí me gusta. Y he decidido escribir así, porque me gusta. Como a mí me gusta. En mi reino, mi castillo. Con mis aburridas comparaciones medievales, como si no oliera fatal en la Edad Media, como si las enaguas entonces no arrastraran más barro que ahora mis botas.

Honestamente, me falla el miedo. Escribo con miedo siempre. Temo contar de más, de menos, no gustar, gustar, que me odien, que reaccionen, que ofendan…

Fotografía de Ashley Rose (a través de Flickr)


Y eso ha sido un resumen de mi situación literaria en los últimos meses. Estoy acoplándome de nuevo, pero esta vez a un punto. A una magia. La literatura, qué putada, es vida también. Es mi realidad. Respira conmigo, ronca sus sueños y se muere en las sábanas con mis pesadillas. Y desaparece cuando yo me voy.

Ahora, como si fuera una chica normal, con destellos de brillo en la mirada, como si no fuese más que una más, busco esa parte de mí con la que me divertía tanto. Y no hablamos -aún- de masturbarse, no. Busco esa parte que me hacía no temer, no dudar -tanto-, no tardar -tanto- en decir. Esa parte, tanto, de purpurina y de sol, tanto que había que protegerse de ella, tanto que era casi de carcajada. Aunque no hubiera existido, la echaría de menos, porque sé que es posible. Porque soy yo.

No busco galones que colgarme en la pechera. No soy chica normal, entendiendo por eso jo-tía-típica. No quiero hacer nada más que estar escribiendo esto ahora, de un cuaderno mal escrito a un ordenador. Esto es lo que necesito. Ahora.

Que lo que me apetece no es buscar fuera un perro que me ladre. Que quiero mirarme el ombligo y acariciarme la cintura después de un día estupendo, que no quiero un quiero y no puedo, que quiero poder y si no puedo, divertirme con lo que quiero.

Quiero soltar lastre y sentir vértigo. Con la chispa necesaria para no volcar en el océano. Y soltar lastre. El lastre de los que hayan llegado leyendo hasta aquí, sin entender nada, a los que me hayan visto por ahí, sin guiñar los ojos, a los que me hayan pensado, especialmente sin querer pensarme. 

Y volver a mis brazos otra vez, habiendo llegado antes levemente. Habiendo pisado de puntillas y habiendo volado sobre el verano. Y volver. A mis brazos. A ser. A mis brazos.

10 comentarios:

fiorella dijo...

Había perdido tu link,cosas que pasan...y mi reader, ni idea como, me reflotó el tuyo y que sorpresa!!.Me encanta leerte, aunque digas que no sabés escribir. Siempre me deja algo lo que leo acá. Un beso

QuietBrown dijo...

Fiorella, ¡no me pierdas! Jajajaja, yo ando bastante desconectada de blogs últimamente, así que te entiendo. Siempre hay que estar aprendiendo a escribir, por eso prefiero decir que no sé, para no mal acostumbrarme.
¡Un besote y gracias!

Regalp dijo...

Me ha encantado esta entrada, tan pura y visceral, tan desde dentro, me gusta y sin duda no hay temor en ella.

Te sigo porque me gustaban tus entradas y la verdad, no han dejado de hacerlo. Leerte hoy, es tener ganas de más y eso espero, que haya muchas más como esta.

Bicos

QuietBrown dijo...

Regalp, creo que el título no le podría ir mejor. Es quizá lo más sincero que he escrito, lo menos personaje, por eso me gusta mucho esta entrada =). Y que me animes a escribir no sabes la energía positiva que me da, ¡mil gracias y mil besos!

PD: ¿Te tengo en FB?

Regalp dijo...

Gracias a ti, también nos animas a los demás... al menos a mi, sí.

En FB no, pero bueno, habrá que poner remedio.

bicos

Tximeleta dijo...

Simplemente,GENIAL,me ha gustado mucho,Nata.
Recuerda que el miedo lo creamos nosotros mismos,por sí mismo no existe.Así que,¿qué es eso de pensar en los demás cuando escribes?¡¡Qué nos den si no nos gusta!!Si no escribes lo que sientes dejarías de ser honesta y no hubiera existido esta entrada,jeje...Muxu!!
Ah!!Quizá la cachorra de leopardo estaría menos pérdida fuera del zoo... ;)

QuietBrown dijo...

Regalp, de nuevo gracias, de verdad.
Búscame en FB si quieres por mi nombre, que yo no te veo... =)

QuietBrown dijo...

Mariposilla, de eso se trataba, precisamente, de vencer al miedo con honestidad. A partir de ahí, todo debería ser más fácil.
La cachorra de leopardo tiene que encontrar su camino, todavía no sabe andar demasiado bien ;-)
¡Muxu bat!

María Portman dijo...

"Quiero soltar lastre y sentir vértigo". Al principio lo de soltar lastre asusta porque, en el fondo, reconforta: es lo de siempre, a lo que estamos acostumbrados. Pero cuando sueltas y sientes ese vértigo no veas qué bien sienta. ¡Es adictivo!

QuietBrown dijo...

Vaya, me borró el anterior comentario... Sí, te decía que conocemos a unos cuantos que viven más cómodos en el aburrimiento, en el saber qué va a pasar mañana, y en los colchones del día gris -como hoy en Madrid- que sintiendo el vértigo que a otros nos está empezando a gustar... Ahora te empiezo a entender, Portman, ¡besos!

 
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